| ¿Por qué el mejicano no trabaja en equipos? |
Un equipo de trabajo es la unión de dos o más individuos que se desempeñan en un común ambiente laboral, con el fin de obtener mayores y mejores resultados en sus objetivos trazados. Pero ¿por qué el mejicano no trabaja en equipos?, para responder haré una retrospectiva histórica.
En el Méjico prehispánico la noción del ser y estar se observaba como parte de una sencilla unión de elementos: Sol, luna, agua, tierra, representados por sus respectivos dioses. Los dioses, naturaleza y humanos consistían un todo, que funcionaba excelente, la ambivalencia no era compleja sino consistía también el todo:
"Madre de los dioses, padre de los dioses, Huehuetéotl, el dios viejo,
tendido en el ombligo de la tierra,
metido en un encierro de turquesas.
El que está en las aguas color de pájaro azul,
el que está encerrado en nubes,
el dios viejo, el que habita en las sombras de la región de los muertos,
el señor del fuego y del año.
Informantes de Sahagún (códice florentino, libro VI)
La educación llevada a cabo en los templos-escuela o calmécac, destinados para los hombres y mujeres nobles y distinguidos, o la ichpocalli o casa de mujeres y su correspondiente masculino el telpochcalli para todos los habitantes, tenían una filosofía educativa destinada a la formación de la voluntad, la disciplina, la búsqueda del fortalecimiento de la personalidad a través del sacrificio, los deberes, el respeto y el sometimiento a los mayores de edad y jerarquía. En estos templos-escuela hombres y mujeres tenían el derecho y obligación de ser educados formalmente (citados de La mujer antes, durante y después de la conquista, de Concepción Landa de Pérez Cano, ediciones del gobierno del estado de Puebla, 1992).
El templo-escuela era el lugar donde niños y jóvenes de ambos sexos adquirían los conocimientos que les permitían desempeñar , al ser adultos los papeles sociales que se requerían, en ellos aprendían los diferentes oficios laborales. Los templos escuela eran un lugar se servicio donde se distribuía y desarrollaba una fuerza laboral.
Lo anterior era parte de la estructura social que imperaba a Méjico-Tenochtitlán, una compleja pero funcional estructura donde incluso los viejos eran tomados en cuenta como productivos al destinárseles comisiones como casamenteros (tecihuatlanque, o pedidores de mujeres), consejeros de los jóvenes o servidores en los templos. Respecto a los hombres y mujeres "había una clara diferenciación sexual: cada sexo tenía su lugar específico y sus actividades específicas (...) Ni ellos, ni ellas podían acceder a los lugares destinados a los otros (...) Afirmo que esta diferenciación estaba basada en la concepción general de universo y de las funciones que a cada uno le corresponde ocupar por el simple hecho de haber nacido hombre o mujer, más no en la superioridad de lo masculino sobre lo femenino." (ídem. Concepción Landa).
No existía una diferencia en los diferentes roles sociales, todos eran parte del un todo universal, por ende funcionaban como un equipo de trabajo. Pero destaquemos un aspecto que considero clave para la destrucción del sentimiento de trabajo en equipo: el papel de la mujer.
Existían diferentes oficios en la mujer, entre otras destacaron las sacerdotisas, parteras, tejedoras y ahuiani (la alegre) que ejercía la prostitución. Ésta era una ocupación tolerada, no se asociaba al pecado y se manifestaba que esta mujer alegraba al individuo, más no era una ocupación deseada, porque era deshonesta, mala mujer.El matrimonio era una gran alegría para la sociedad, y aunque en muchas ocasiones se comprometían con fines políticos, culturales y económicos, la mayoría eran seleccionados entre si. Los padres recomendaban a las hijas en edad de matrimonio (aproximadamente a los 16 años): "Toma aquel hombre que te envía dios, no lo deseches por mal dispuesto o feo, si no lo quisieres recibir, él se burlará de ti, deshonrarte ha, trabajando haber tu cuerpo por mala vía, y después te apregonará por mala mujer..." (Sahagún). En este aspecto la mujer era, de alguna manera, la responsable de la felicidad y lo honra familiar. Hombre y mujer era uno solo, la dualidad era el equilibrio el pilar de las deidades, el futuro de la humanidad.
El matrimonio mantenía el equilibrio psicológico que requería la sociedad. Y así fue por muchos años, hasta la conquista de los españoles, los cuales desequilibraron este frágil equilibrio psicológico-social.
El español consideraba a la mujer como un objeto, sin voz ni voto, sin derecho a la educación. Obviamente al recibir a las siete doncellas de los caciques, que ellos mismos le dieron para ser sus "hermanos", no las vieron como extensión de su especie y unión de dos culturas, sino como objetos, como parte de un tesoro que merecían por haber sido tan valientes para llegar a esas lejanas e inhóspitas tierras.
Al considerarlas un objeto, no tuvo remordimiento alguno cuando violó a las mujeres de los naturales, despojando así del honor que debían cuidar estas mujeres, convirtiéndolas de esposas a ahuianis. Esto causó conmoción a los hombres de México que ya no vieron a la pareja fiel, que guarda su honra, sino a una aliada (sin consentimiento de ella) de los españoles.
Imaginemos esto: si yo confiaba en mi mujer, y éramos un equipo, ahora que me ha traicionado, me siento culpable por haber confiado en ella. Por ello no debo de confiar en una mujer, ni en la mujer de mi amigo, ni tampoco en mi amigo porque tal vez también abuse de mi mujer. Este es un miedo legado de la conquista.
El mexicano no trabaja en equipos por el miedo a ser defraudado, de ser traicionado, de aceptar a alguien como compañero o compañera y que después lo avergüence. Por eso el mexicano es individualista, prefiere trabajar con él mismo a esperar la traición cuando trabaje con otro.
Por ello las empresas deben apoyar a su personal y buscar la erradicación de este miedo de la conquista. También los profesores debemos ayudar a nuestros alumnos a confiar en el otro, en conocer al otro y aceptar sus debilidades y fortalezas, aprender de él y comunicar nuestros miedos para aceptar que necesitamos de la comprensión de la otra persona.
Al analizar y conocer más de la cultura prehispánica ayudamos a erradicar un mal que ha azotado a México todos estos años: La falta de identidad.
Psicólogo Juan Antonio Guerrero Cañongo |
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